Todas las horas, días, meses y años que van formando nuestro quehacer docente son capítulos de nuestro libro de vida “La aventura de ser maestro”, ya que ellos van dejando lo que sembramos, cosechamos, siendo esto cualquier cantidad y tipos de frutos, a veces algunos amargos y otras veces los mas dulces.
Intentamos sembrar en cualquier tipo de tierra, algunas veces es muy negra con buen abono, otras veces con piedras, algunas las menos en arena, pero también intentamos sembrar un rosal donde existe mala yerba y algunas veces lo logramos y otras tantas es arrastrada por ella.
“Si substraje la miel o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles hermosas, porque cuando sembré rosales, coseche siempre rosas…”
Existen un pasaje bíblico y lo cito: “No deis lo santo a los perros ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, porque puede regresen y lo despedacen”.
Que trata de que por mas que uno se esfuerce nunca logra nada sobre personas que no quieren escuchar, en lo particular lo que creo y me gusta retar esa cita, es que si es posible cambiar los hábitos, costumbres, deseos, anhelos de una persona, que si podemos tocar su corazón y volverlo a lo mas sublime de un ser que es el deseo de ser alguien, recordarle que lo que “hagamos en la vida tiene eco en la eternidad”.
Esta aventura es más que todo eso, es el reto constante de sembrar en un joven el deseo de servir, de aspirar a ser mejor, ayudarlo a crear su propia identidad, que el hombre no tiene que volver al árbol de donde bajo alguna vez.
Quise iniciar con el texto anterior antes de responder sobre mi “malestar docente”, mi comentario es el siguiente:
Si bien es cierto en nuestro ejercicio como docente uno enfrenta varios obstáculos, limitaciones, ya sean en cuestión de materiales, herramientas, libros de apoyo y más.
Una sociedad y medios de comunicación que ha demeritado la profesión de docente, lo cual me lleva siempre al siguiente cuestionamiento: “si somos tan malos”, como es que ellos son tan exitosos, acaso estudiaron en “Marte”, o cuando un padre ve a su hijo graduarse de la universidad acaso es obra de la casualidad o un buen día despertó y dijo: “ahora ya soy ingeniero”.
Quiero concluir diciendo lo siguiente, “El malestar docente”, es algo que para mi ya paso, por aunque un solo joven uno solo, me recuerde “habrá valido la pena todo”.
Porque la Docencia no es una profesión, es un hábito, una forma de vida, que cuida nuestra imagen y somos imagen de los demás, porque los jóvenes no esperan de nosotros solo educación, sino un ejemplo de vida, conducta, modales.
El texto del “El malestar docente”, para mi quien se oculte tras todo eso, simplemente es alguien egoísta que busca pretextos para tal vez ocultar su incapacidad de servir.
Intentamos sembrar en cualquier tipo de tierra, algunas veces es muy negra con buen abono, otras veces con piedras, algunas las menos en arena, pero también intentamos sembrar un rosal donde existe mala yerba y algunas veces lo logramos y otras tantas es arrastrada por ella.
“Si substraje la miel o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles hermosas, porque cuando sembré rosales, coseche siempre rosas…”
Existen un pasaje bíblico y lo cito: “No deis lo santo a los perros ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, porque puede regresen y lo despedacen”.
Que trata de que por mas que uno se esfuerce nunca logra nada sobre personas que no quieren escuchar, en lo particular lo que creo y me gusta retar esa cita, es que si es posible cambiar los hábitos, costumbres, deseos, anhelos de una persona, que si podemos tocar su corazón y volverlo a lo mas sublime de un ser que es el deseo de ser alguien, recordarle que lo que “hagamos en la vida tiene eco en la eternidad”.
Esta aventura es más que todo eso, es el reto constante de sembrar en un joven el deseo de servir, de aspirar a ser mejor, ayudarlo a crear su propia identidad, que el hombre no tiene que volver al árbol de donde bajo alguna vez.
Quise iniciar con el texto anterior antes de responder sobre mi “malestar docente”, mi comentario es el siguiente:
Si bien es cierto en nuestro ejercicio como docente uno enfrenta varios obstáculos, limitaciones, ya sean en cuestión de materiales, herramientas, libros de apoyo y más.
Una sociedad y medios de comunicación que ha demeritado la profesión de docente, lo cual me lleva siempre al siguiente cuestionamiento: “si somos tan malos”, como es que ellos son tan exitosos, acaso estudiaron en “Marte”, o cuando un padre ve a su hijo graduarse de la universidad acaso es obra de la casualidad o un buen día despertó y dijo: “ahora ya soy ingeniero”.
Quiero concluir diciendo lo siguiente, “El malestar docente”, es algo que para mi ya paso, por aunque un solo joven uno solo, me recuerde “habrá valido la pena todo”.
Porque la Docencia no es una profesión, es un hábito, una forma de vida, que cuida nuestra imagen y somos imagen de los demás, porque los jóvenes no esperan de nosotros solo educación, sino un ejemplo de vida, conducta, modales.
El texto del “El malestar docente”, para mi quien se oculte tras todo eso, simplemente es alguien egoísta que busca pretextos para tal vez ocultar su incapacidad de servir.

El ser docente es una profesión en la cual en lo personal me siento orgulloso, ya que serví a la educación primaria por un periodo de 30 años, hubiera seguido sino es por la enfermedad que me alcanzó haciendo que me seprarara como pensionado aun así continúo en ella en la otra plaza de la UPN, y la verdad no me había puesto a reflexionar hasta donde he llegado si ha sido gratificante el tener alumnos profesionistas, creo que si, pues tener en las manos a un grupo de niños con el deseo de aprender le deja al término del nivel primaria esas satisfacciones dado que este lugar por ser provincia se le sigue la pista a los jovenes y ve uno los logros cuando terminan su universidad ahi estan los frutos de todos los que participamos en su aprendizaje considero que el autor del texto no es un egoista pues lo que hizo fue para hacernos reflexionar en nuestra profesión.
ResponderEliminarSaludos
Nohelio Chávez Castillo
Tutor del grupo